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Una idea a la que le ha llegado su momento

ad_manifiesto2015[1]Los Verdes en Argentina somos parte del conjunto de las diferentes expresiones políticas verdes que están creciendo en todo el mundo. Somos emergentes del diverso e influyente movimiento ecologista. Somos una fuerza política global frente a una crisis mundial inédita.

Las amenazas ambientales y sociales han escalado a una magnitud sin precedentes. Nos toca vivir un tiempo y un mundo muy complejos. Además de la crítica situación ambiental global, con el Cambio Climático como máxima expresión, la “globalización” ha implicado la expansión de nuevas amenazas e incertidumbres. El poder del mundo financiero, de las transnacionales y de redes criminales de todo tipo se ha potenciado en este nuevo contexto.

Por eso, Los Verdes enfatizamos la acción política local pero atendiendo a su vez el desafío de confrontar con un sistema económico que está devastando el planeta y que requiere de una actuación global.

El deterioro ambiental e institucional está condenando a la pobreza a millones de personas, extinguiendo numerosas formas de vida y ocasionando la destrucción irreversible de gran parte de los ecosistemas.

Hoy los motores del crecimiento económico no reconocen los límites naturales. El modo actual de producción y consumo somete a la naturaleza a la sobreexplotación, la contaminación y la degradación afectando directamente a nuestro propio sustento material y la posibilidad de brindar condiciones de vida digna a nuestros hijos. También pone en riesgo nuestra propia supervivencia como especie en el planeta.

Los partidos políticos tradicionales siguen promoviendo la continuidad de este modelo. La idea de que sólo crecimiento económico solucionará la pobreza en el mundo simplemente no es realista: los niveles de consumo actual demandan la riqueza de 3 planetas y sólo tenemos uno.

Al igual que Los Verdes en todo el mundo, los valores que nos guían son: justicia social, democracia participativa, no-violencia, respeto por la diversidad, derechos humanos por encima de los intereses económicos y comerciales, sabiduría ecológica y sostenibilidad. Valores que hoy se encuentran seriamente amenazados.

La justicia social, pese a algunos avances, está muy lejos de haberse alcanzado. La democracia participativa naufraga en las aguas del clientelismo y otras prácticas de la política, como la influencia de las grandes empresas sobre los partidos.

La no-violencia sucumbe en un escenario de creciente fragmentación e inseguridad social. La diversidad enfrenta crecientes niveles de intolerancia. Los derechos humanos no alcanzan a ser respetados en un contexto de inequidad y muchas comunidades se encuentran amenazadas en sus derechos básicos por el actual modelo de desarrollo.

La sabiduría ecológica es ignorada y la sostenibilidad se confunde con “rentabilidad económica” mientras que su verdadero concepto pasa inadvertido al momento de la toma de decisiones.

 

Nuestros valores

La sabiduría ecológica es la que nos enseña a sentirnos parte de la naturaleza, a vivir en ella y no contra ella, a salvaguardar el equilibrio ecológico, a respetar la integridad de los sistemas naturales, a manejar en forma segura y compatible con la naturaleza todos los residuos que generamos, a consumir responsablemente y a adaptarnos a los límites naturales.

Reconocemos el valor intrínseco de todas las formas de vida y las respetamos por encima de sus eventuales valores de uso.

Consideramos como imperativos éticos: garantizar el derecho y la oportunidad de todas las personas a beneficiarse equitativamente de los recursos que nos ofrece la sociedad y el ambiente, como así también a no transferir a las generaciones futuras las consecuencias de las prácticas productivas de nuestra generación. Debemos garantizar la disponibilidad futura de los bienes naturales, evitándole a las generaciones venideras los impactos de las decisiones tecnológicas que hoy adoptamos.

Somos conscientes de que la acción política no podrá alcanzar sus objetivos de trasformación social si no logramos un cambio en nuestras visiones personales de manera de ser coherentes con los valores que promovemos. El consumismo y la búsqueda incesante de acumulación material, son visiones incompatibles para alcanzar sociedades sostenibles.

La sostenibilidad es el principio rector de nuestra acción política.

Todavía hoy, predomina un paradigma de progreso asociado a un crecimiento continuo. El crecimiento sin límites no es posible en un planeta finito. Este concepto nos diferencia de las ideologías dominantes. Modificar ese paradigma es el mayor desafío para lograr las bases de una cultura de la sostenibilidad. Conscientes de la fragilidad y de la finitud de la biosfera, transformar nuestra idea de progreso es el mayor reto.

Los Verdes creemos que para lograr la sostenibilidad, y para satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras respetando los límites naturales de la tierra, hay que terminar con la pobreza y el consumo irresponsable; estabilizar la población; alcanzar la equidad material y disponer libremente de las tecnologías de la información, promover la innovación y las tecnologías ecológicas.

La democracia participativa sólo es factible en una sociedad abierta y debe ser el principio de actuación en cada uno de nuestros pasos. La democracia tal cual hoy la conocemos debe ser profundizada y debe ser el mecanismo irremplazable para la construcción de una sociedad sostenible y convivencial. Debemos alcanzar una democracia en la cual el poder y la responsabilidad se base en las comunidades locales y regionales, y se proyecte hacia niveles nacionales o internacionales de gobierno en la medida que eso sea necesario y sea procedente.

La concentración de riqueza y poder no sólo conducen a la injusticia social y a la destrucción del ambiente sino que también inhibe la participación, razón por la cual consideramos prioritaria la reconstrucción de las instituciones sociales, políticas y económicas para que dejen de ser sistemas controlados por minorías y pasen a estar al servicio de la ciudadanía, principalmente de los más vulnerables.

Pretendemos alcanzar la justicia social construida sobre la base de la igualdad de los derechos para todos los habitantes del suelo argentino sin distinción. Transformar la sociedad y la economía para desterrar la pobreza y la marginación es un imperativo ético.

Vemos que el logro de la justicia social se encuentra indisolublemente ligado a la necesidad de cerrar la creciente brecha entre pobres y ricos, salir de la trampa del extractivismo y proteger las bases naturales del desarrollo económico y social.

Reconocemos y respetamos la diversidad. Honramos y reconocemos la diversidad cultural, étnica, sexual, lingüística y religiosa como un valor fundamental y promovemos la construcción de relaciones interculturales respetuosas, positivas y responsables.

Reconocemos y respetamos los derechos de los pueblos originarios, incluyendo sus derechos al territorio y a la autodeterminación y al reconocimiento de su contribución a la herencia común de la cultura nacional y global.

Bregamos por la igualdad entre las mujeres y los hombres en todas las esferas de la vida social, económica, política y cultural; impulsamos la participación de la cultura de los jóvenes como una contribución innovadora a nuestra visión verde y reconocemos que las personas con discapacidad, jóvenes, niños y mayores tienen necesidades distintas y debemos respetar esas diferencias tanto en el espacio público, como laboral y social.

La no violencia es la base de la seguridad global. Promovemos la cultura de la paz y cooperación entre los estados, dentro de las sociedades y entre los individuos.

Creemos que para pacificar la sociedad y desarmar los actuales patrones de violencia se requiere de mayor cooperación, más solidaridad, desarrollo sostenible y respeto por los derechos humanos. Repudiamos la creciente ola de fanatismos étnicos y religiosos, son prácticas que la humanidad debe dejar atrás si queremos abandonar la intolerancia, la irracionalidad y la violencia terrorista.

Luchamos por el desarme general, por la prohibición completa y definitiva de las armas de destrucción masiva.

La legítima protesta frente a los poderes destructivos se debe canalizar por medio de la acción no violenta, metodología que ha caracterizado al movimiento ecologista desde su origen.

 

¿Por qué la acción política?

Porque cada vez es más urgente salir de la actual tendencia de continua y creciente destrucción ambiental, transformar radicalmente los principios en los cuales se sustenta nuestra economía y dar respuestas a las inequidades sociales e injusticias ambientales. Esta urgencia necesita también de una acción en el terreno de la política. Para producir esa profunda transformación, la experiencia de las últimas décadas nos muestra que no es suficiente con la movilización social y las continuas denuncias, aún con el valioso cúmulo de conocimientos que hoy puede mostrar el movimiento ambiental.

Porque confiamos en el poder transformador de las ideas, dando prioridad a los ideales políticos y la realización de los mismos por encima de los sectarismos partidarios. Estamos seguros que se puede acelerar una profunda transformación social si nuestra acción política evita el “quien lo hizo” y privilegia el “se hizo”.

Porque creemos necesario construir una alternativa política y social, que una todas las voluntades comprometidas con la justicia y la sostenibilidad en un proyecto político profundamente democrático e integral.

 

¿Para qué nuestra acción política?

Para modificar las estructuras sociales y productivas; instalar la convivencia entre nosotros y con la naturaleza; demoler todas las barreras que nos separan como el racismo, la discriminación y los distintos tipos de explotación, que actúan para negar un trato justo y la igualdad ante la ley; para abonar la cultura, en sus sentido más amplio, de la sostenibilidad, el no derroche y la paz.

Para alcanzar una mejora constante de la calidad de vida para todos definida por elementos que no pueden ser cuantificados únicamente en términos económicos convencionales, tales como las libertades personales, la equidad social, la salud, la felicidad y el desarrollo humano.

Para construir una sociedad sostenible y convivencial, que nos dé un sentido de comunidad, desde lo local a lo planetario, con amor y pasión por lo que hacemos.

Nuestras propuestas implican un proceso gradual de profunda transformación social y económica. Algunas etapas en ese proceso de transformación pueden ser alcanzadas rápida y fácilmente, otras requerirán de periodos de transición más extensos. En ningún caso se trata de objetivos imposibles de ser alcanzados.

Podemos cambiar el rumbo. No debemos aceptar como inevitable el hambre, la violencia, la contaminación, la competencia demencial, la codicia, la destrucción de nuestro hábitat y dejar como legado un mundo altamente vulnerable para nuestros hijos y que hoy no están en condiciones de defender sus derechos y modificar el rumbo de las cosas. La humanidad tiene los conocimientos necesarios para alertar y actuar con responsabilidad para corregir los errores que estamos cometiendo.

Con generosidad; con vocación de dialogo y aprendizaje; con vocación de ayudar y aprender, con la necesidad de escuchar y emprender un camino colectivo; con tolerancia, austeridad, respeto y compromiso.

La pasividad política no es una opción.

Los Verdes queremos hacerlo posible; y queremos hacerlo juntos.

Marzo 2015

 

Descargar nuestro manifiesto