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    Los Verdes y Río+20

    Hoy, a 20 años de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992, adherimos a la Resolución del 3er. Congreso Global de los Verdes – Dakar 2012 sobre La Cumbre de Rio+20 y además consideramos necesario realizar algunas afirmaciones.

    Marchamos a una nueva conferencia signada por el incumplimiento por parte de los Gobiernos del mundo, de la mayoría de los acuerdos y compromisos establecidos en la Declaración de Río (1992), el Programa 21, el Plan de Implementación de la Cumbre de Johannesburgo y las Metas de Desarrollo del Milenio.

    Un claro ejemplo del mencionado incumplimiento lo constituye la falta de resultados y el estado de estancamiento en que se encuentran las negociaciones relevantes que se vienen desarrollando dentro de los acuerdos ambientales internacionales.

    La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, debe confrontarse con emisiones antropogénicas de gases efecto invernadero que superan en un 40% la meta de reducción prevista por su Protocolo de Kyoto. Otro tanto acontece con el Convenio sobre Diversidad Biológica y sus Protocolos, donde la falta de cumplimiento del objetivo de reducción de  pérdida de la biodiversidad establecido para el 2010, imposibilitará cumplir con los objetivos establecidos en la materia por las Metas de Desarrollo del Milenio para 2015.

    Mientras tanto, la multiplicación de situaciones de crisis, entre otros, en los ámbitos financiero, económico, social, ecológico, climático, energético, alimentario, democrático, institucional, ético, existencial, van configurando una época de crisis múltiples que se superponen las unas a las otras, reforzándose mutuamente, definiendo en conjunto una crisis sistémica, una crisis de valores y de civilización, que estaría indicando que nos aproximamos al fin de la sociedad moderna emergida de la revolución industrial y que nos obliga a plantear propuestas para iniciar la transición hacia otro mundo posible y deseable.

    En tal escenario y analizando los temas que se proponen tratar en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible -conocida como Río+20-, Los Verdes sostenemos que resulta utópico pretender continuar con un pensamiento que, desafiando toda lógica, nos invita a seguir comportándonos como si los recursos materiales y energéticos fueran inagotables, como si la sustitución de una forma de materiales o energía por otras pudiera continuar indefinidamente y sin coste alguno, aun cuando en la realidad las reservas totales son limitadas. Resulta irresponsable actuar como si el crecimiento de la economía a nivel global pudiera continuar eternamente, lo cual además de graves e irreversibles consecuencias ambientales, ha conducido a una desenfrenada especulación basada en las ganancias futuras que supone tal expansión indefinida, dando lugar a recurrentes burbujas financieras que inevitablemente desencadenan crisis como la experimentada en 2007 con sus graves secuelas sociales.

    Para hacer frente a la crisis socio-ambiental, debe cambiarse sustancialmente la estructura económica actual y nuestro insostenible “estilo de vida”, enfrentando las crisis y problemas que generamos en lugar de huir hacia adelante.

    No podemos continuar atenazados por la inconducente dialéctica establecida entre los países en desarrollo y los desarrollados, que ha reducido la problemática del desarrollo sostenible a una lucha por recursos financieros (nuevos, adicionales, suficientes y no condicionados) y a la falsa dicotomía entre protección ambiental y restricciones al comercio, dejando de lado el debate sobre las cuestiones de fondo que siguen ausentes en la agenda de negociaciones.

    La experiencia acumulada durante las últimas cuatro décadas -desde la Cumbre de Estocolmo hasta nuestros días–, indica que con la excepción del desarrollo y reforzamiento de indicadores que completen el Producto Bruto Interno y un nuevo convenio sobre el acceso a la información y a la justicia, el resto de las iniciativas que se proponen para Rio+20[1], resultan insuficientes para dar respuesta a los graves problemas socio-ambientales que enfrentamos.

    También merecen nuestros reparos los dos ejes principales sobre los que girarán las negociaciones: economía verde en el contexto de la erradicación de la pobreza, en tanto asoma como más de lo mismo, y marco institucional para la sostenibilidad, en tanto aparece como una cuestión formal.

    La inclusión del tema “economía verde” en la agenda de la Conferencia debería conducirnos a un cambio radical de nuestro pensamiento económico, los actuales modelos de desarrollo y nuestros estilos de vida insostenibles, cuestionando el sistema económico mundial que funciona mediante la explotación de una parte de la humanidad por la otra y que ha hecho del productivismo-extractivismo-consumismo su objetivo existencial.

    Lejos de tales objetivos, la propuesta de una “economía verde” se afirma en las declaraciones de las cuatro[2] Cumbres de Jefes de Estado  realizadas por el G20, como una respuesta a la crisis financiera iniciada en 2007 y desde entonces, en los documentos del G20 y otros foros, la economía verde y el concepto de sostenibilidad quedaron restringidos al crecimiento económico, asociados exclusivamente con la rentabilidad económica, no enfocados conjuntamente con las dimensiones sociales y ambientales, exigiendo un firme compromiso con los principios del libre mercado, la propiedad privada, el comercio y las inversiones libres.

    Resulta paradójico que en los últimos veinte años tales condiciones y exigencias siempre estuvieron presentes y la pobreza no ha retrocedido, el ambiente no se ha protegido y la economía se ha sumergido en una grave crisis global.

    De allí que Los Verdes veamos la propuesta de avanzar hacia un modelo económico diferente como un objetivo urgente y necesario, pero a la par, rechacemos la idea de entender que la “economía verde” planteada en los términos en que lo hacen los países industrializados y emergentes, sea el modelo que nos encamine hacia una sociedad convivencial y sostenible, en tanto solo resulta una variante matizada del mismo modelo que nos llevó a la grave situación económica, social y ambiental en la que nos encontramos[3].

    En cuanto a la cuestión institucional y sin restarle importancia al tema, podemos afirmar que difícilmente las cuestiones de forma resuelvan las cuestiones de fondo. La situación cambiará poco o nada por el hecho de que el PNUMA se transforme en “agencia”, como lo demuestran organismos tales como la OMS, la UNESCO o la FAO, que nunca  han logrado liberarse de presiones políticas y corporativas.

    En conjunto, las modestas metas propuestas para Río+20, aun cuando pudieran ser bienvenidas, resultan muy alejadas de las expectativas y necesidades reales de los pueblos del mundo en este momento.

    Por todo ello, Los Verdes proponemos que la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible alcance los acuerdos y motorice los mandatos necesarios para:

    1. Erradicar la pobreza y el hambre, alcanzar la equidad social y proteger los sistemas de la Tierra.

    2. Alcanzar mecanismos de gobernabilidad que permitan enfrentar conjuntamente las causas y consecuencias del cambio ambiental global -particularmente las acciones destinadas a prepararnos para los cambios inevitables- en beneficio de todas las sociedades, presentes y futuras.

    3. Evolucionar hacia una economía ecológica junto al desarrollo de una cultura de autocontención.

    4. Avanzar hacia una profunda reforma del sistema financiero internacional para que el crédito deje de estar orientado hacia la maximización de las rentas y sea considerado un servicio público para apoyar las inversiones que requerirá la transición hacia la sostenibilidad.

    5. Adoptar un Sistema de Cuentas Nacionales y Globales basado en el concepto de Huella Ecológica con el objeto de establecer mecanismos para alcanzar un equilibrio global.

    6. Establecer ya mismo metas cuantificadas de incorporación de fuentes renovables y limpias a las matrices energéticas nacionales de tal forma de estabilizar el clima global a no más de2ºCpor encima de los niveles pre-industriales.

    7. Extender la agro-ecología y garantizar la soberanía alimentaria para evitar que los alimentos se transformen en el eslabón débil de nuestra civilización.

    8. Establecer los acuerdos necesarios sobre el acceso a la información y al sistema judicial para los ciudadanos como forma de hacer operativo el Principio 10 de la Declaración de Río 92.

    9. Aprobar una declaración universal de los derechos de la naturaleza.

    Los Verdes proponemos que Río+20 se transforme realmente en un punto de inflexión en las negociaciones que se desarrollan en el marco del sistema de Naciones Unidas en materia de desarrollo sostenible, dando inicio a una etapa de cumplimiento efectivo de los compromisos reiteradamente asumidos desde Río92 a la fecha.

     


    [1]              Tales como: proponer una plataforma internacional para compartir el conocimiento; una hoja de ruta para implementar y evaluar el progreso; la reforma o transformación de la Comisión del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas; el nombramiento de un Defensor o Alto Comisionado de las Generaciones Futuras; un marco a 10 años de programas sobre el consumo y la producción sostenibles o el lanzamiento en 2015 de una serie de Objetivos del Desarrollo Sostenible (calcados de los fracasados Objetivos del Milenio).

    [2]              1ª Cumbre: Noviembre 2008, Washington, D.C. (EE.UU.); 2ª Cumbre: Abril 2009, Londres (Reino Unido); 3ª Cumbre: Septiembre 2009, Pittsburgh (EE.UU.) y 4ª Cumbre: Junio 2010, Toronto (Canadá)

    [3]              Al analizar las declaraciones del G-20 se puede constatar que para luchar contra la pobreza se postulan como soluciones, aquellos principios y acciones que la han generado, como también han generado la crisis ambiental y la insostenibilidad del proceso de desarrollo. Dice por ejemplo la Declaración de Washington: “Reconocemos que estas reformas únicamente tendrán éxito si se basan sobre un firme compromiso con los principios del libre mercado, incluyendo el imperio de la ley, el respeto por la propiedad privada, el comercio y las inversiones libres, mercados competitivos, y en sistemas financieros eficientes y eficazmente regulados. Estos principios son esenciales para el crecimiento económico y la prosperidad, habiendo ya liberado a millones de personas de la pobreza y elevado sustancialmente el nivel de vida a escala global. Reconociendo la necesidad de mejorar la regulación del sector financiero, deberemos, sin embargo, evitar una sobre regulación que podría obstaculizar el crecimiento económico y exacerbar la contracción del flujo de capitales, incluyendo hacia los países en desarrollo.”

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