• La protección de humedales quedó fuera de la propuesta Argentina para luchar contra el cambio climático

    2 de octubre de 2015. En el día de ayer, la Argentina presentó formalmente ante la ONU su INDC (Intended Nationally Determined Contributions, por sus siglas en inglés) que contiene el compromiso del país para la reducción de gases de efecto invernadero de cara a la Vigésimo Primera Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCCC) que tendrá lugar en París a fin de año. En la cumbre, los países deberán alcanzar un acuerdo global que reemplace al Protocolo de Kioto, dirigido a mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados centígrados.

    La propuesta argentina, que establece una reducción del 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero para el período 2020-2030, contiene una serie de medidas destinadas a dar cumplimiento de la meta propuesta por el país –una de las menos ambiciosas de la región-. Dentro de ellas, no figura una estrategia de protección de los humedales, ecosistemas vitales para la mitigación y adaptación del cambio climático.

    Los humedales  son fijadores de carbono y amortiguan tanto sequías como inundaciones. Así lo reconoció la Resolución 24 de la Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional, en su Conferencia de las Partes Nº 10, en el 2008 sobre “Cambio Climático y Humedales”, de la cual Argentina es parte. En la misma se insta a sus miembros “a que administren los humedales racionalmente para reducir las múltiples presiones que éstos enfrentan y aumentar su capacidad de recuperación ante el cambio climático y a que aprovechen las importantes oportunidades que presenta el uso de los humedales de forma racional como opción de respuesta para reducir los impactos del cambio climático”.

    Al mismo tiempo, los humedales son ecosistemas muy vulnerables al cambio climático, siendo especialmente sensibles a la ocurrencia de fenómenos extremos, las modificaciones en las temperaturas y en los patrones de precipitación. Informes científicos indican que la degradación y pérdida de muchos tipos de humedales está ocurriendo con mayor rapidez que en otros ecosistemas y que es probable que el cambio climático exacerbe esta tendencia, reduciendo su capacidad en el secuestro y almacenamiento de carbono. De hecho su degradación, como sucede en el caso de las turberas, los convierte en emisores de gases de efecto invernadero.

    En su Quinto Informe de Evaluación, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) concluyó que la mayoría de las estimaciones globales no incluyen las emisiones derivadas de la combustión o la descomposición de turba después de un cambio de uso del suelo; y que, en particular, la descomposición del carbono en humedales y turberas no está reflejada en los modelos a pesar de la gran cantidad de carbono almacenado en estos ecosistemas y de su vulnerabilidad al calentamiento y a los cambios en el uso del suelo.

    Por su parte, la Convención de Cambio Climático (CMNUCC) adoptó a través de la Decisión 2/CMP.7 una nueva actividad de “drenaje y rehumidificación de humedales” para un segundo período de compromisos del Protocolo de Kyoto. En el mismo se reconoce que mediante la rehumidificación también se pueden restaurar los humedales hasta alcanzar un estado en el que las emisiones netas de CO2 se reducen mucho o incluso llegan a ser negativas, haciendo que estos funcionen como absorbedores netos de gases efecto invernadero de la atmósfera.

    Desde mediados de 2014 un proyecto de Ley de Humedales se encuentra demorado en la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano del Congreso de la Nación a la espera de ser sancionado. De no llegar al recinto este año, el proyecto perderá estado parlamentario. Más de 100 organizaciones de todo el país vienen trabajando para que los Diputados aprueben la ley de vital importancia para la protección de estos ecosistemas.