• 2015-2030: UN PERÍODO CLAVE PARA PRODUCIR UN CAMBIO RADICAL

    ¿Cómo se vinculan el Acuerdo de París, los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030?. Compartimos aquí una interesante nota del diputado Juan Carlos Villalonga acerca de estas tres herramientas clave para impulsar los cambios que los tiempos que corren requieren. El horizonte es 2030, quince años en los que se juega la partida.

    2015-2030: UN PERÍODO CLAVE PARA PRODUCIR UN CAMBIO RADICAL

    Por Juan Carlos Villalonga- Diputado Nacional (PRO)

    Entre 2015 y 2030 estaremos atravesando un período clave en nuestra historia y en la historia del debate acerca del desarrollo sostenible. Un conjunto de amenazas y desafíos que enfrenta la humanidad deben comenzar ya a encontrar un sendero de solución y  los próximos quince años son clave para producir cambios de fondo. No es casual que 2015 haya sido un año emblemático en este sentido y se haya convenido una agenda globa en distintos ámbitos, expresada en tres acuerdos que considero fundamentales.

    En primer lugar en 2015 se arribó al Acuerdo de Paris vinculado al cambio climático y que establece un plan de acción al año 2030. Por primera vez un convenio de estas características tiene objetivos definidos y cuantificados que son los que derivan en los compromisos que deben ir asumiendo progresivamente cada uno de los países que lo suscribió. Se trata aquí, ni más ni menos, que de poner en marcha una transformación radical de la matriz energética de manera acelerada.

     

    Para cumplir con dichos compromisos y mitigar los efectos del cambio climático, no más allá del año 2020 tendremos que llegar al pico máximo de emisiones de Gases de Efecto invernadero (GEI) y de allí en adelante deberá comenzar a producirse una progresiva disminución. Ello requiere la rápida reducción del uso de combustibles fósiles y el paso hacia el uso masivo de energías renovables. Hay que trabajar para que lo que hemos conocido como la “era del petróleo” llegue a su fin en los próximos treinta años: esto significa acelerar una transición energética de enormes implicancias económicas, sociales y políticas.

    El segundo capítulo, está relacionado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)  que reemplazaron a los Objetivos del Milenio y fueron también acordados en el año 2015. Los ODS se proponen dar cuenta de los desafíos pendientes en temas como educación, pobreza, energía, cambio climático y océanos, entre otros. La agenda sostenible en su sentido más amplio y planteada con metas precisas y un plan de acción concreto. Estos objetivos debieran ser principios rectores de las políticas públicas de cada país y sus metas  inspiradoras de cada acción en este marco.

    El tercer núcleo, de fundamental importancia también en este contexto, es el acuerdo conocido como Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030: un instrumento acordado por la ONU y destinado a atender una situación cada vez más acuciante. Hoy somos mucho más vulnerables y estamos expuestos a desastres de todo tipo debido al defectuoso desarrollo y al cambio climático que exacerba algunos fenómenos naturales, cada vez más recurrentes y violentos. El Marco de Sendai tiene sus objetivos centrados en evitar que se produzcan nuevos riesgos y en reforzar la resiliencia de las poblaciones incluyendo la responsabilidad primordial de los Estados de prevenir y la participación de toda la sociedad y las instituciones.

    Tenemos entonces frente a nosotros un período que va entre 2015 y 2030 que es una ventana de oportunidad para actuar en forma decisiva y clave en una coyuntura histórica muy particular. El Acuerdo de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Marco de Sendai marcan una agenda de convergencia que debemos tener clara.  La agenda política no debe salirse de estas prioridades y el desafío es verla en su verdadera magnitud y lograr que el largo plazo se sostenga, en especial en un país como Argentina en el que tenemos un enorme déficit para ir más allá de la urgencia del día a día.

    Es necesario diseñar y trabajar en una política que contemple estos objetivos a 2030 con eje central en la transición energética, que es mucho más que una transición meramente tecnológica: un reto enorme para la política local en términos de desarrollo y de economías regionales, pero que es urgente.